Ópera risueña soná en mí para poder escapar al espacio de burbujas pompas de jabón, para que al flotar en su interior huela el olor esbelto de los jardines alguna vez dibujados. Y pensados en la imaginación prepotente, sumado a la raíz cúbica un gramo de sal, para que la amargura que torna al alma en soledad no se asfixie, y elija la opción de naufragar en unos ojos de mar, con amaneceres en su interior, quien crece en las estrellas prendidas fuego puede ser luz.
Es un pedazo de vida pasada la que nos queda en el inconsciente tan testarudo de siempre querer estar presente, atándonos cabos alrededor de nuestros cuellos, y así nos preguntamos cómo es la historia de los leñadores que murieron en garras de lobos hambrientos, tratando de salvar el cadáver ya mutilado de una pequeña de risos color rojizo.
Hoy al despertar quebró mi cabeza, estalló, dijo: "puta que te parió".
Entonces todos nos reímos de todos, porque podemos ser los payasos número uno en la escala de valores carentes de precio al que apostar, porque yo me quedo con los mimos, son más agradables al verlos sonreír, te dicen miel de palabras jamás escuchadas por el grito devastador del gigante que enloqueció tratando de comer un maní. No sin antes haberlo abierto.
Para oler bien hay que tener la mente y el alma bien limpios de ese humo de gentes devastadoras de insultos inarticulados en su ignorancia. Y yo encerrada los conozco más que ellos mismos mirándose al espejo. Nota: romper un espejo YA.
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