miércoles, 2 de febrero de 2011

Suspendida en el vacío.

Quizá espejos rotos me acarreen el espíritu desesperado de tanto andar sobre una misma senda que no se encuentra para nada perdida en el deseo de la vida taciturna, vida negra, se ve así, con ojos abiertos, insomnio despierto en la noche del día inacabable.
Es hora de ir poniéndole fin a ciertos artilugios, a aquellos que no tienen comienzo, ahora se nota con claridad hacia dónde apuntabas, a dónde quería ir yo, y cuánto es que me equivoqué. Lágrimas perdidas, volviste hermoso y lloraste junto a mis lágrimas de cristal ahorcado, estamos perdidos. Y te vas a volver a escapar, te me escapás como el viento, ya no sé que más hacer, siento que tantas cosas me hacen falta. Y sigo permanentemente jugando una ruleta que no es rusa, es sueca, qué sé yo... en vez de apuntarte la sien te cortás las venas. Salida rápida, y se acabó todo.
A mí no me llevan a ningún sitio que no sea mi conocido lugar, ok? No sé si quedó claro... o ruleta sueca, ustedes eligen cuál es el futuro mejor para mí. Ustedes tienen que elegir por mí? Ésto no me cierra para nada, nada cierra para nada, es que no hay llaves, ni candados, ni puertas... estoy en el aire, suspendida, volando? Flotando mejor dicho...
Difusa, semifusa, corchea, sonata, orquesta, explotame los oídos, quiero volverte a escuchar. Quiero volverte a abrazar y que dicho abrazo dure para siempre. Ése es mi deseo. Deseo de pocas palabras inexpresadas en el abismo del futuro que no tiene duración, un futuro incierto, sin línea recta, y de vuelta espejos. Reflejan todo el tiempo la enfermedad que trasnmite el mosquito de la duda, del miedo, de la nada. Deseo de nada. Vacío. Mucho vacío.
No hay respuestas, y hay mil quinientas preguntas. Y explicame porqué carajo decidí estudiar Filosofía. Para acabar con mi cabeza rota contra la pared, hecha pedazos. Sí, así quiero acabar yo con mi vida, que explote todo mi ser, en llamas acabe, y en el mar termine flotando el polvo de mis cenizas azules y perladas. Sombras en la espalda huesuda de columna encefálica, cigarro tras cigarro no puedo ahogar mis penas, pero no quiero ahogarlas, quiero vomitarlas, gritarlas, sacarlas de mí, y guardarlas en una cajita de hierro y decirles: hijas de puta, son tan hijas de puta.
Ponerle fin a algo cuenta con muchas responsabilidades, y con muchos fines. Son muchos adiós que decir. Basta.

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