Me consta, que a muy pesar tuyo, todo se está yendo a la mierda. Esperando motores de acero, fuego, claro, si están encendidos. Calor incorporate en mí, quiero sentirte, es como la soledad, romper un espejo deseo, puño que sangre y sangre. Rojo. Muy rojo.
¿Estás asustado? Te escondiste. No te veo. Sick. Suck. Locos, dementes, deambulan mis pensamientos llenos de gris-celeste, porque es un cielo de día con luna y lluvia. Elevando mi espíritu a la x potencia del cuadrado que es múltiple de tus sueños astillados, correlato entre lo real y el lenguaje. ¿Por qué? Pensamiento es lenguaje, pero a la inversa, ¿ambos están condicionados? La pregunta sobre la existencia del ser viene después, pero nunca llega impuntual.
Quizá estoy apostando al vacío. Sentada en una silla a la cual la tercer pata se le perdió, y me vale mejor hacer equilibrio. Y lo hago, pero nadie lo nota. Nadie nota que así yo me siento bien. Sí, sobre tres patas, y en realidad vendrían a ser dos.
Oscuro llamado de bronce que avecina la aurora de tus gestos vacíos de negación, cariñosa armonía hay en tus venas, regalamela como un dulce caramelo de pimienta y ceniza, todo partido, porque le pasó el bondi por encima. Digamos tren, es más seguro, aunque no quedaría nada, pero algo doy por hecho, si es que el agua al mezclarse con tu sal, no da el toque erótico que tiene cada roce, mirada, apretón, abrazo, un "¿todo bien?".
Perdida en el deseo más brusco, jamás pensado, ése que ni se siente, olvidado, pasado pisado, futuro porvenir, las olas se agitan, y las margaritas danzan dormidas en la noche de casi luna llena y grillos cantando, si es que hay margaritas. Perdida en un campo de concentración psíquico, en movimiento como el caleidoscopio del latir de mi corazón. Y yo no entiendo que también soy carne, y hueso, y órganos, y... shhh... GRITOS.
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