martes, 1 de marzo de 2011

Cementerio de laureles

Si el sentimiento fuera ajeno, sería todo un regalo del cielo, caído en pétalos de lluvia ensangrentada de color púrpura para variar los cambios climáticos que vienen afectando mi psiquis. Quizá un poco de tibieza no venga mal al dolor de la impotencia del estómago que al cerrarse se manifiesta en contra de toda ilesa humanidad. Pero el color que desean ver mis ojos sigue siendo el de la sangre. Correr. Besarte. Cómo olvidarlo, y ni olvidarte, menos imaginado el poeta sentado en su cuna de cristal quebrado, del dolor que causa la aguja al clavarse en el pecho profunda e intensamente, para beber de tu néctar, para mantenerme en vida, seguir en pie. Mientras tanto nadie nos exprime, así que podemos seguir siendo felizmente una naranja, rodando por ahí. Yo te regalo un pedazo de mi cielo, pero no quiero que vivas en él.
Si la situación diera para más, daría lo que fuera para no tropezarme con el escalón que está malditamente construído más alto que la torre de pizza, metiendo paralelismos casi salvajes, sin encontrar motivos diversos en palabras que se descuelgan con carne viva y propia, jugosa y apetitosa, marcada... somos todos un número bajo los ojos del sol, al que quiero quemar, yo por éso me escondo en tu sombra, y digo: oscuro pesar, me encuentro dormida, y ahí es dónde de verdad me gustaría permanecer, atada, inmóvil, inapetente, insensible, muerta.
Si tus abrazos no fueran miel, me sentiría encontrada, y todo sería tan aburrido, sepia, un poco de mis ojos y un poco de los tuyos, pero no quiere decir que las palabras no encuentren sus alas, al contrario... vuelan libres siempre, miralas descansar, posan en mi mano secretos que jamás se van a ir de mi corazón marchito de espinas envenenadas de placer asexual.
Y sin embargo el camino se ve difuso,
no hay contorno
y si lo hubiese, ya tendría que haber llovido,
y lavado todas las lágrimas derramadas por el olvido,
que no queden más que esperanzas realizadas
en cada frase hay una razón de querer existir
lejos de este mundo.
Quizá en la luna,
y del lado oscuro,
me encuentres gritando, abrazando escalas mágicas, como tus páginas doradas de sentimientos volcados al entierro de un amor ideal...
que quiere ser,
que busca ser,
que juega a ser,
que inventa ser,
y que no existe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario