sábado, 19 de febrero de 2011

Otro pedazo de mí...

Tengo el caminar despacio, pero el pisar fuerte.
Me rasguño de noche con uñas que permanecen cortas, al otro día puedo verme las marcas.
Tengo limados los colmillos, por bruxismo desde la niñez. Osea, tengo y no tengo colmillos. Y paradójicamente, me gustaría ser un vampiro.
Estoy fumando mucho últimamente. No sé si dije ésto la vez anterior.
Estoy tomando café de mañana y de noche.
Estoy gastando innumerable cantidad de mensajes, pero me importa un carajo.
Estoy perdida y muy encontrada a la vez.
Mi habitación se volvió mi santuario, tengo que comprarme un buen equipo de música y listo.
Sonrío a los que me sonríen sólo si son cálidos conmigo.
Querer no significa gustar. Amar no significa "te amo y blah".
Here I´m allowed, everything all of the time.
No puedo creer que estemos volviendo a lo mismo, y sos vos la que está dando el paso, pero para atrás, porque ésto no va a solucionar nada, mejor no quieras saber lo que sí, así que dejame libre, mierda.
No hay vacío ahora adentro, hay resentimiento y enojo.
Me gusta la lluvia, y más caminar bajo ella una tarde de verano en ojotas y mojarme los pies.
Menos mal que tengo verde desde mi ventana. Me lo quedo mirando.
Y sí: "escenografía: dos almas gemelas. Título de la obra: la naranja". Está bueno. Saberlo, al menos, tenerlo en cuenta.
Tengo una tijera debajo del codo mientras escribo.
Mi escritorio posee cosas de lo más variadas. Ver la caja de cirgarrillos me tentó, ya vuelvo. (Se vacía la caja y al cesto va a parar).
Me gusta oler los jazmines, son tan hermosos en esa blancura tan peculiar.
Tengo una bufanda a medio tejer y tres libros por terminar. Voy por Misery.
Estoy escribiendo ésto con una lapicera del Sheraton, y es bastante agradable al roce.
Tengo ganas de retomar la facultad y falta más de un mes.
No tengo espejo en mi habitación, sólo uno pequeño, redondo, sobre mi escritorio, apuntando a la nada. Lamentable.
Me gustan los colores, pero a la hora de vestirme elijo el negro, siempre.
Siento frío en pleno verano y sin necesidad de presencia de aire acondicionado.
De chiquita solían llevarme mucho a la calesita, y el señor de la sortija me odiaba, porque yo siempre le ganaba.
La música suele ser mi musa de la inspiración.
Tengo un celular negro, resucitado de las tinieblas del bolsillo negro de mi cartera negra.
Sí, todo negro.
A veces siento que el tiempo es eterno. Dudo de ese sentimiento.
Ahora, sí, estoy esperando que me llegue un mensaje.
Me gusta ver cómo se notan mis venas en mis manos cuando poseen la temperatura ideal.
Escribo en imprenta minúscula, mezclando y dándole un touché de cursiva.
Mi letra cambia constantemente, es raro, se lo voy a comentar a mi psiquiatra, jaja, qué risa sarcástica. (Lo voy a hacer en serio, de todas formas).
Mi futuro ideal sería en las montañas, junto al mar, con bosques, y yo escribiendo. No puede faltar la música. Utópico.
Mi cabeza va a diez mil kilómetros por hora y mi boca apenas habla.
Ya no tengo casi ideas que escribir y tengo al menos que terminar de completar la página.
Radiohead es la droga culpable.
Hoy vi dos bichitos de luz, o uno con dos luces, porque primero brillo en el aire naranja, dos veces. Luego uno amarillo, y uno último naranja, y no estaba alucinando. Hacía tiempo que no los veía.
No llegó mensaje, mandé yo.
Soy de las que prefieren escuchar una respuesta razonable, lógico, al menos hasta a una estúpida pregunta!
Extraño mucho a mis amigas Meli y Cami. Ojalá vivieran conmigo.
Amo con todo el cariño del mundo a mi gata Serena.
Ya me aburrió ésto.
Noto que va a tener finales semejantes.

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