viernes, 25 de febrero de 2011

Quebrando el paso

No quiero caer del paracaídas hacia el lago de todos los colores, lleno de brillantes, espectantes hadas inexistentes. Porque sí que estoy perdida, no quiero estar de nuevo atada, al menos no por ahora, y mi birome parece sangrar tinta, como yo hipótesis más que preguntas. "Y que tal si..." No. Es como no querer que el viento que viene del sur, tan fresco y limpio, de pronto venga del norte, trayendo sólo tierra sucia, conciencia culpable, dulce néctar bebido, suave como las plumas de un pájaro, todo se mezcla, son sensaciones que no se sienten del todo libres, hay algo que las ata, qué es me pregunto, suena el magnífico piano en el despertar de una mañana que llegará sólo si me besás con los ojos. Perfume de sal, roja existencia de sangre y labios, escondida bajo sábanas de tul negro, seda fría y hielos derritiéndose entre nuestras manos.
Es noche de hombre lobo. Carne. Rabia. Gritar y llorar de alegría desesperanzada, porque el porvenir es infinito de caminos que se abren como al abrir un cuaderno, con hojas para escribir, soñar, encantar, endulzar las almas y declarar a las mentes en otro mundo.

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