Vas a acariciar espinas. Te lo digo desde lo más oscuro de mi ser. Porque yo puedo ser dos. Una soñadora, poeta, emprendedora, inteligente, musical, flaca copada. Otra, dos tatuajes, perforaciones a más no poder, pobres orejas, anoréxica, enferma, psicodélica, viste de negro, guarda silencio en el silencio. Me quemé los dedos fumando, por tu culpa. Por mi culpa. Y con la culpa a la Iglesia, diría mi vieja, santa María madre de todos los pecados que a los sueños se les puede acometer. Tus ojos serán míos, aunque muera en el intento, y vos mueras lejos en el tiempo, porque tu vida vale, y yo no soy nadie, según tus escritos. Y veo la inocencia de los más jóvenes y me sonrío, deseando poder estar ahí un segundo, tomar aire y regresar a escribirte. Y ya que pude hacerlo, le regalo a mi duende un trébol de cinco hojas.
"Escribir no lleva a la miseria, nace de la miseria".
-Montaigne-
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