Ocaso del cielo tartamudo de mostrar siempre el mismo celeste cielo, cielo celeste, efímero. Lluvia ahora, sonido celestial, celeste, cielo.
Dame de tu piel misteriosa, acercate, conocernos es la mejor chance de que nuestros caminos bifurquen, la cerca del no-sé-qué endemoniado de caricias de amor utópico, siempre utopía inversa a la vida, balance enloquecido de palabras sabias que dicen mucho, y nos acercan más.
Mmm…
Dulce néctar en flor, suave atardecer en tu creciente timidez pública, ojos profundos, manos no observadas, damn it.
Fantasma de una ilusión creada momentáneamente, para detener las manecillas del reloj, para jugar un poco con la imaginación propia, que está hecha simplemente para jugar.
Aladas plumas resplandecen al oro vivo de la luz de una vela color carmesí. Y digo “carmesí” porque se me re canta.
Suspiros, elevaciones del alma hace la música sentir, cómo uno puede desprenderse del suelo un segundo, sí, la mente se purifica.
Y al tornado que no lo frene nadie. Se viene a quedar dando vueltas destruyendo ladrillos que ahuecan el interior del ser. “Bendito sea”, oh my god.
Dosis de coca-light y cigarrillo.
Vuelta al país donde las palabras simplemente se escriben solas, con un sentido que quizá debería ser psicoanalizado, no lo sé, pero que es simplemente así cómo funciona en mí, son pensamientos, sensaciones, espíritus moviendo mis manos, o mejor quieran ustedes lectores (prefieran) imaginarse cualquier cosa.
Hasta acá llegué por hoy… capum! Onomatopeya entrecruzada en los matorrales renglones azules interminables.
Te quiero TANTO chiquitita
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