Despierta en la jaula la aurora dormida, inconsciente de su renacer total y completo de pesares diarios, rutinarios, quizá con mariposas revoloteando en una mente inquieta, en búsqueda de lo que alguna vez llamó improbable, imposible. Renacerá entonces la mañana, taciturna de sueños imaginados y perdidos en la memoria de placeres intelectuales, de palabras ofrecidas al viento inquieto que viaja a 400 kilómetros por hora, por decir una cifra perdida también, todos permanecemos perdidos.
Embriaguez entonces al estómago repleto de líquidos multicolor, explicame cómo tiene que ser la gloria para que en tu abrazo no caiga rendida, sacame de vos, lejos, ya lo estás. Un siglo de cielo sin tormenta. Corazón negro apagado, pero latiente en su fulgor de querer sentirte cerca otra vez, dulce despertar de acciones inhumanas, movimientos inexpresivos, chupetín rosa, sale pucho.
Excepto el "sale pucho" (¬¬), me gusta, me gusta :)
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