viernes, 7 de enero de 2011

Marcas.

Espejos rotos reflejan la imagen en finitud de partes, extendidas por el suelo doblado.
Palabras son que intentan reflejar la mente poderosa de pensamientos anómalos.
Música que refleja el suburbio color azul de unos ojos perdidos, cerrados ante la luz incandescente del sol.
Fleta de estrellas presentes delante de ti, miralas, es tu propio reflejo.
Perdiciones imperceptibles, inesperadas, porqué puede uno preguntarse, cómo, cuándo, explicame la puta… quién busca lograr entenderte se pierde más dentro de tu puto vacío de mierda. Nota de autor: regla general del vivir. Regla, norma, ley de vida, naturaleza del homo-sapiens. Date una vida llena de metafísicas y decime cómo te va.
Mi estómago se llena sólo de café y coca-light estos últimos dos días. Mis pulmones de varias hojas, y mi mente crece de rayuelas y música, y escritura; y una tía al lado, mi cuerpo.
Unicornios sin cabeza, ¿puede uno imaginárselos?
Una caricia es recibida en alguna habitación. Está perdida, su receptora no siente nada, sólo piensa que siente… está perdida como esa flecha que una vez Cupido erró. Una de las cien millones.
Suspiro eterno perdido en el vacío del velo, flotando en la tempestad del silencio, sin amigo al que acompañar.
Vuelos, días eternos, la espera del comienzo del algo desconocido que nos sucede a diario, para venir a convertirse en presente por cinco coma cuatro por diez elevado a la menos cuarenta y cuatro segundos, para devenir luego en pasado, y así hasta el infinito negativo.
Caja de Lucky Strike convertibles sobre mi escritorio vacía. Catástrofe.

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