sopla el viento frio en una noche de primavera golpeando en la perilla de la puerta de madera. tiemblo. salen cascadas de mi boca sin razón alguna. al igual que lo prohibido. claro, porque siempre hay algo de éso en nosotros, siempre somos un poco de seres que poseen parte de sí mismos que son prohibidas. y no me refiero a lo fisico. (maldito teclado duro). y ahí es donde aparece la bendita o mejor llamada la maldita moral que nos dice que es lo que tenemos que hacer. bien, yo le respondo: andate un poquitín más lejos que la mierda y después volvé y contame cómo es todo por allá, pero nada más. dejame prohibirme.
prohibirse a uno no está mal. son secretos, costumbres que son mal vistas pero no por uno mismo, acciones, pero que quede claro, si a uno le parece que le hace bien, que sea bienvenido (aunque esté prohibido).
pero claro, cuidado, que nadie se entere, porque o bien lo meten en cana, o cagaron, se les viene el mundo, la madre, el padre, el novio, novia, amigos, médicos, lo peor y lo mejor, todo encima y agarrate, porque no te lo saca nadie, ni vos mismo de encima.
cuando querés ser prohibido abstenete a las consecuencias. igual animate, está bárbaro vivir así.
un poco de todo no le hace mal a nadie.
ésto es un comienzo.
pero no un final.
yo me pregunto si la prohibición de las cascadas terminará algún día. de éso espero que sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario