Lo que te puede causar una sesión de terapia! Antes de ir, en el tren, me decía a mi misma: “me siento bien! Hoy no sé de qué voy a hablar, si está todo bien: tatuaje nuevo, piercing nuevo, una Juli nueva…” Al salir me dije: “la re putísima madre, qué vida de mierda estoy teniendo”.
Pero vamos por partes.
Una Juli nueva. Qué es eso? Una Juli con cambios. Sí, y muchos. A nivel espiritual, mental, y más notoriamente físico. Una Juli que tiene un novio. Un novio que le recrimina cosas, que le pide constantemente que cambie cosas, que haga esto, que no haga aquello, que venga, que vaya, que nos veamos dos días a la semana nada más, porque eso nos hace bien a los dos. ¿A los dos? ¿Estás seguro, Camilo? Yo no tanto. Una Juli que empezó este año con la carrera más brillante que se le pudo haber cruzado en su camino: Filosofía. Algo de eso la está transformando, y para bien. Su cabeza da para muchos pensamientos a la vez y al mismo tiempo da para no pensar en nada. Me encanta. Una Juli que tiene secretos muy oscuros, al igual que sus deseos. Una Juli que tiene dudas y duda todo el tiempo. Una Juli que conoció hace muy poco tiempo a una persona que parece ser alguien nuevo y especial y agradece haber conocido dicha amistad. Como también agradece haber conocido a su amiga Camila y a su amiga Melina, dos cuerpos, espíritus y mentes danzantes, alegres, dulces, sobre todo dulces, que me llenan de felicidad de una manera inimaginable. Una Juli que, hay que confesar, está en guerra con su cuerpo. Una batalla en la que su mente se dispone a ganar, a triunfar y a no dejar nada, pero nada, de piel, carne y huesos, inclusive órganos en su camino. “Maldito cuerpo” piensa la mente, “te odio”, y el alma... y el alma busca la paz en la muerte, en el nadie, en la nada, en el vacío.
Por otro lado veo las cosas que me hacen bien: la música me llena, me eleva, me transforma, me transporta a otro universo. La filosofía me ama como yo a ella, es mi religión, es eso que está sobre mí, es lo que me insita a seguir viviendo, es lo que me vuelve loca y cuerda a la vez. Mis amigas y amigos, los viejos y los nuevos. Mi novio, sólo por ésos dos días a la semana, aunque no signifique que deje de amarlo en ningún momento, pero no verlo no me hace bien. Tampoco sé si me hace mal. Es ya tan indiferente… la indiferencia mató al gato, dicen mis manos al escribir.
A pesar de las cosas buenas que tengo, puedo hacerme de valor y decir que siento que no son suficientes como para decir que me siento feliz. Claro, puedo sentir felicidad en ciertos momentos. Pero no me voy a poner a hablar de la felicidad, porque ésta sé muy bien que no existe plena, llena y constantemente, pero al menos desearía que ocupara el 80, 90 por ciento del tiempo en mi vida, y no un 10 por ciento, hasta incluso menos.
Hay cosas en mí que no conozco. Hay muchas cosas que me pasan de las cuales desconozco su motivo de existencia y eso no es para nada bueno. Me cago en Dios. Odio ir a terapia y terminar contestando a un planteo súper elaborado de mi psicóloga un “no sé”. Detesto ya no saber. Quiero saber qué es lo que hay dentro de mí, qué es lo que me pasa. Definitivamente algo me está pasando, porque sino no hubiera empezado con un tatuaje chiquitito, seguido con un corte abrupto de pelo y teñido a rubio, un tatuaje bastante grande y un piercing en la ceja. No cuento mis catorce aros porque eso fue una rebeldía de mi adolescencia. Seguido, claro, de mis cambios constantes de peso corporal (lucha cuerpo-mente).
Despertá, me digo a mi misma. Pero creo estar bastante despierta. Entonces qué? Seguiré pensando… y pensando… y sintiendo… y haciendo psicoanálisis.
tranquila chiquitita.
ResponderEliminarTe quiero como a nadie y podes contar conmigo SIEMPRE.
En diciembre nos vamos a ver todos los dias, no?