Las gotas caen, mojan las calles donde los árboles se han ido. La canción favorita fue encontrada, por memorias jamás apagadas, en un coma te siento, como el inocente filo del papel. Cambia la perspectiva en dichos atardeceres, nuestras sombras son sinfonías maravillosas, sentí su calor.
Danzando en la nube de vapor, las ideas son insistentes, el corazón sabe de qué se habla. Y entonces, cuando todo se convierte en tormento, me das tu humo. Espirales en sueños apagados por la conciencia, deslizando tinta sobre piel, agujas que desangran las paredes, golpeando infinitamente al polvo del aire para abrirle paso al edén de una realidad que alguna vez creamos. Para dar contra el suelo, no hace falta que saltes hacia el vacío. Luces eternas, brillan, colorean, y desarman todas las estructuras ya dominadas. Es el atentado a la oscuridad. Vicios que se vuelven alimentos del alma, notas regaladas a la soledad. Ilusiones que no voy a permitir se apoderen de mí, quiero ser libre, el futuro no existe. Igual necesito ese lugar, en donde te entregaste a la vida.
Si dejamos de sonreír y de llorar, las venas se pudren, envenenándose la sangre, y entonces el arte deja de existir. Rezale a un can, pedile perdón a la cruz, conmigo no tenés porqué preocuparte, hay quienes saben imaginar y darle pulso a las fantasías para que se cumplan. Sí, es un trabajo encontrarlas, pero realmente vale la pena.
Pertenecemos a la tierra, y le damos espacio al cielo para que siga expandiéndose. Buscando el sitio donde el mar rompa con el tiempo, y se ahoguen las mentiras.
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